Llevaba 17 horas sin fumar, pero se ve que es la mala hora, condenado estoy. Por algo hay que empezar, digo. Me queda un cartón y medio de Marlboros pequeños y dos cajas de puros, Macanudos Morenos, empezadas. Me repetía en el duermevela el número de la suerte de los azulgranas: 8 en Almería, 5 en casa, 3 en Pamplona, 5 en casa. 0 en contra. Los de casa, contra los dos equipos que tienen el mal gusto de amonarcarse, el Real y la Real. (Bueno, el Rácing también es coronario, pero ya la llegará su San Martín.) Los primeros 5 son de los que escuecen a los blancos, pero no haré leña, que el árbol no ha caído. Además, el Almería la arma en Sevilla y renace marcando 3. Vivo en el 37 y nací en un 37. Llevo lotería por un tubo acabada en 5, y dos números en 00 y en 69 porque me engañó una señora antes de comer en Murcia. Me quedan 97 páginas para acabar otro libro, titulado Desnuda, que está escrito con el culo, con lo que yo la quiero. Roncan los coches de madrugada. El mío, con su 9131, no se ha movido. Natural, trabajo en casa. El cuentakilómetros marca 60.937. Me acuerdo del viejo, un 2818, y AX. Recupero un mensaje de anteayer: «¿quién te va a escribir / si tú no, mi amor? (dos pentasílabos)». Menos de 9 días me quedan para decidir si voy a casa por Navidad, no pensaba, pero me aprietan mis hermanos. 8 cigarrillos quedan en la caja de Marlboros pequeños. Yo soy mayor, soy el mayor. Me defendí en el tabaco las cinco veces que dejé de beber. Esta vez no será al revés. 1500 libros quedan en la bajera de mi ex suegro, que debo desalojar. 2667 pepinos en mi cuenta bancaria. Unos 600 libros hay en casa. Si voy a casa por Navidad, pasando por Madrid a recoger a mi hija (y así me ahorro Teruel), 970 kilómetros. Los libros irán a la basura, ya cumplieron su misión. Podría donarlos, pero eso me obliga a hacer tres llamadas, que serían cinco. De los 970, 410 conducirá mi hija. Pararemos en el 103 de la A-2, como siempre. O en Medinaceli, km. 155, donde se tomaban estupendos bocadillos de jamón y buenos gintónics. Ahora, 12 grados en la calle, según el i-Phone. Las 5:03 de la mañana. 4 gintónics llevaba puestos ayer mi ex cuando hablamos, y la quise. No me llama. No me escribe. No es que no me ame. Dice Paco Rico, este verano, que hay que incluir la voz «gintónic» en el DRAE, que también es real. Me quedan sólo 300 gramos de té del bueno. ¿Me va a ayudar alguien a tirar 1300 libros a la basura? El contenedor queda a 30 pasos de la puerta de la bajera. Los escalones son sólo 16. Lo haré solo.
domingo, 12 de diciembre de 2010
¿Sabes una cosa, mi amor?
(Réplica a Bécquer,
y a su definición de la poesía,
si es que eres tú,
ya te digo)
Todas las plazas de todos los pueblos de todas partes
todas son todas iguales.
Todos los bares de todos los domingos de cualquier semana
todos son todos iguales.
Todas las bragas de todos los tendederos de todas las calles
son todas iguales.
Todas las faldas de todas las niñas, todas las bicis de todos los niños;
todas las toses de todos los viejos, y los tacones de todas las viejas,
son todos muy parecidos.
Todos los trozos de todos los mundos,
todas las lágrimas que por la cara me corren,
todas las voces de todos los barrios
son como son todos.
Todas las distancias entre todos los sitios,
todas las escaleras de todas las casas,
todos los portales y todas las ruedas,
todos los tragos, todas las cuevas,
todas las playas, todas las olas,
todas
son todas iguales.
La única distinta, ¿sabes?, eres tú.
Am I bugging you? I mean to bug you.
Hace un porrón de años ―años antes de que cayera el Muro y naciera mi hija― tuve una novia cuando estaba casado. Hablando de porrones: el vino en bota, y la mujer...
Tiene maldita la gracia, porque antes de ser mi novia fue novia de mi mejor amigo. Ahora estoy descasado y sin novia y sin mejor amigo, pero tengo buenos amigos y algún amago de novia. Aquella novia me prestó un disco que acabo de comprar en i-Tunes. Big World, de Joe Jackson (pronúnciese con jota las dos, sin aspirar ninguna: a pesar de su nombre, en Gran Bretaña nunca se comió un colín, y en la península varios cochinillos). Joe Jackson es uno de los músicos más minusvalorados de la historia, enterémosnos. Ese disco ―una maravilla― contiene joyas como «Right or Wrong» (¿y cuál es la diferencia?), «We Can’t Live Together» (pero separados tampoco) o «Survival» (which is not an issue: línea de bajo y batería inigualables). Es del 84, todo hay que decirlo.
El título de este post ―pero eso sólo Igu lo sabe, y como mucho mi hija lo intuye― está tomado de la versión en directo de «Silver and Gold», de U2, en Rattle and Hum. Pues claro que quiero joder, e incluso joder, te. Pa eso estamos.
Ah: aunque no me eche novia dejo de fumar esta semana, vais avisaos.
Ha amanecido feo, empañado, azul. Cero naranja en el cielo, pero cinco en el exprimidor. Aunque como diría Jose ya no sea yo «Morning Lark» (el piano del estribillo de «Right or Wrong» me hace llorar), y sea Apple, siendo él Orange, en los vídeos ultragamberros que hay en U-Tube (the annoying orange: según traducción de mi hija, la naranja japuta: es buena traducción, pero esos vídeos son de ver, buscadlos. Yo soy la manzana a la que le cae encima el cuchillo, él la naranja). Ayer amaneció brillante. Pasé el día con la familia granaíno-cordobesa-motera de mi amigo almeriense. Comilona en Terraza Carmona (Vera, y no del Bidasoa, por cierto: si los de Vera de allá arriba se llaman beratarras, ¿cómo llamar a los de aquí?), como un insecto al que no mata nadie, al contrario que mi vecino, profesor de primaria, que los mata en el descansillo, y bien que hace. Pero duermo y escribo y traduzco con el balcón abierto de par en par. (Dice Joe Jackson «It’s Xmas time / again». Lo dice en un tema que se titula «Tango Atlantico», no accent please.)
«I wanna be with you tonight, tonight and forever», canta Joe Jackson. Y ya es de día otra vez, desde hace un buen rato.
Otro de sus temas es «Home Town». El poco rato que he dormido hoy soñé que volvía. Y voy a volver. A mi ciudad natal. Si es que existe y aún está ahí. De improviso. A devolver cariño. Na más.
Home Town, de Joe Jackson, para todos ustedes. Que traduzca su puta madre. Como diría mi Beckett, make sense who may, que estoy muy cansao. Y pasar dos horas de madrugada sin fumar no veas si cuesta. Arriba cuesta.
Of all the stupid things I could have thought
This was the worst
I started to believe
That I was born at seventeen
And all the stupid things
The letters and the broken verse
Stayed hidden at the bottom of the drawer
They'd always been
And now I plough through piles
Of bills, receipts and credit cards
And tickets and the Daily News
And sometimes I just . . .
Wanna go back to my home town
Though I know it'll never be the same
Back to my home town
'Cause it's been so long
And I'm wondering if it's still there
We think we're pretty smart
Us city slickers get around
And when the going's rough
We kill the pain and relocate
We're never married
Never faithful not to any town
But we never leave the past behind
We just accumulate
So sometimes when the music stops
I seem to hear a distant sound
Of waves and seagulls
Football crowds and church bells
And I . . .
Wanna go back to my home town
Though I know it'll never be the same
Back to my home town
'Cause it's been so long
And I'm wondering if it's still there
Back to my home town
Though I know it'll never be the same
Back to my home town
'Cause it's been so long
And I'm wondering if it's still there
Llévame al río, Carmen, llévame al río.
This was the worst
I started to believe
That I was born at seventeen
And all the stupid things
The letters and the broken verse
Stayed hidden at the bottom of the drawer
They'd always been
And now I plough through piles
Of bills, receipts and credit cards
And tickets and the Daily News
And sometimes I just . . .
Wanna go back to my home town
Though I know it'll never be the same
Back to my home town
'Cause it's been so long
And I'm wondering if it's still there
We think we're pretty smart
Us city slickers get around
And when the going's rough
We kill the pain and relocate
We're never married
Never faithful not to any town
But we never leave the past behind
We just accumulate
So sometimes when the music stops
I seem to hear a distant sound
Of waves and seagulls
Football crowds and church bells
And I . . .
Wanna go back to my home town
Though I know it'll never be the same
Back to my home town
'Cause it's been so long
And I'm wondering if it's still there
Back to my home town
Though I know it'll never be the same
Back to my home town
'Cause it's been so long
And I'm wondering if it's still there
Llévame al río, Carmen, llévame al río.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Crujir de vértebras
Acabo la traducción de Theroux, y van tres, y lo celebro cenando en uno de los buenos restaurantes del paseo marítimo, no el que yo quisiera, que hoy cierra: una ensalada mayor y más variada que Versalles y Kew Gdns. (mayor y más variada que el Retiro, léase, o más surtida que los tres juntos), y unas almejas que ni fu ni fa, y cuatro gambas de aquí (que tienen denominación de origen y no es para menos, porque están para tirar cohetes en cada centímetro) y unas rodajas de gallopedro, además de una leche frita con helado de turrón que me vuelve a recordar que como la leche frita de mi ex suegra no hay ninguna, a ver si me manda por mensajero una ración. Ah: y todo regado con un Viña Esmeralda, en honor a mi padre, que se me queda grande e insípido. Gallopedro: ¿a quién se le ocurrió poner ese nombre a un pez rico donde los haya? Yo de biología marina no sé nada ―sólo sé que es un teleósteo―, y de etimología bíblica menos, pero ese pescado ―«será porque siempre he estado yo / del lado del pescado que / nunca había pensado que / el pescado fuera a estar / del otro lado»: Santiago Auserón para ustedes, del disco titulado Mr. Hambre― mucho dudo que cante, y más dudo que sean tres veces, cuando lo sacan del agua. Es un cruce entre merluza y atún. Pero quién sabe: a lo mejor sí canta, y a Dylan hay que volver a llamarlo «¡Judas!», como ya le pasó en Manchester en el 66.
Celebro con la misma que el Excmo. Ayto. de Málaga pague lo que me adeudaba desde hace once meses, vaya friolera, cantidad que ya di por perdida. No toda la deuda me abona. Me paga la mayor, la menor se la condono. Y con la misma lo condeno. Hay una Málaga moribunda y una Málaga que nace. Y yo, de lejos, ando a caballo entrambas aguas. Y eso que en Málaga debe de estar cayendo la de Dios, que diría Pedro cuando el gallo no lo oyese. Aquí ―tan cerca, tan lejos― el clima es benigno.
Y así es que este viernes me tomo vacaciones. Me iré a la playa de los Muertos a ver cómo asoman del mar los gallopedros, que podrían ser gallojuanes. E incluso gallopablos. Y hasta gallojaimes. (Sintiéndolo mucho, no pueden ser gallomarías ni gallobelenes, y menos aún gallanas.) Y luego me como un pargo a la espalda en Carboneras, como Dios manda cuando Pedro calla, con una ensalada como todos los jardines de Sevilla. A ver la torre del Miguelete, en Valencia, de momento no pienso ir.
El dolor de espalda va a menos, las vértebras crujen poco, la espina dorsal se recompone; no toca Beckett hoy, porque mi compinche en Beckett tiene que dar clases. Ya caerá un rato durante el finde. O sea: hoy, vacación.
He leído que el 75 por ciento de las mujeres sueñan que el beso de su vida será con un hombre afeitado, aunque sea lo que dice la publi. Por eso mismo, tras haberme rapado para quitarme los restos del tinte rubio, me dejo crecer la barba. Las barbas del pescado. Las agallas.
La intimidad, ya lo dije, es tan colectiva como la memoria. La cremación con que termina la novela de Theroux, a orillas del Ganges, es sólo de Theroux.
martes, 7 de diciembre de 2010
Hartura
Cuando nos conocimos, Dylan acaba de publicar Time Out of Mind, su mejor disco, y es mucho decir. Durante años no le presté mucha atención. «Out of mind, out of sight»: ojos que no ven, corazón que no siente. Es una frase hecha sobre la que mucho he reflexionado, ayer sin ir más lejos, con Beckett, con Jose. Y ahora me cansa, o me harta, contar la historia de la frase otra vez.
Cuando nos conocimos, desconociéndonos, ese disco contenía in nuce (esto es Ferrater, Gabriel, y por tanto es Justo Navarro) todo lo que iba a pasar y ahora pasa y ya no pasa.
Durante estos últimos años he llegado a la conclusión de que ya estaba todo escrito incluso en el primer tema de ese disco, del que creo que ya he hablado aquí. «Sick of Love». Seguro que la traducción publicada no es mucho mejor que la mía. Seguro que ésta no es peor, y que ambas, además de la de Rodrigo Fresán, rigurosamente inédita, no le hacen justicia. Tampoco le hace justicia mi tatuaje, con su bello rostro reproducido en mi piel.
Ahora que nos desconocemos, esta hartura es un consuelo. ¿O es hartazgo? Esa última coma me ha costado una hora. Y no estoy nada seguro de que sea oportuna, conveniente, exacta.
Harto del amor
Camino por calles que están muertas.
Camino, camino contigo en la cabeza.
Fatigados los pies, el cerebro tenso
y las putas nubes se ponen a llorar.
Camino, camino contigo en la cabeza.
Fatigados los pies, el cerebro tenso
y las putas nubes se ponen a llorar.
¿Oigo, oigo a alguien mentir?
¿He oído a alguien gritar lejos?
Hablé como un crío,
¿He oído a alguien gritar lejos?
Hablé como un crío,
me hiciste polvo con una sonrisa
mientras yo estaba dormido.
Harto estoy del amor,
pero estoy en el amor hasta el pescuezo.
De este amor harto estoy.
Ya, ya veo a los amantes en la playa.
Ya, ya veo siluetas por la ventana
y las miro irse y me dejan pendiente,
Ya, ya veo siluetas por la ventana
y las miro irse y me dejan pendiente,
me dejan colgado de una sombra.
Harto estoy del amor, oigo el tictac del reloj.
De este amor estoy harto, harto del amor ando.
De este amor estoy harto, harto del amor ando.
A veces, el silencio es un trueno
A veces es como si me dinamitasen.
¿Y tú ibas a ser fiel? Pienso en ti
y me extraño.
A veces es como si me dinamitasen.
¿Y tú ibas a ser fiel? Pienso en ti
y me extraño.
Harto estoy del amor; ojalá no te hubiese conocido;
harto estoy del amor; a ver si de una vez te olvido.
harto estoy del amor; a ver si de una vez te olvido.
No sé qué voy a hacer,
pero haré lo que haga falta
pero haré lo que haga falta
con tal de estar contigo.
Copyright © 1997 by Special Rider Music. La puntuación no es del genio de Minnesota esta vez, se la he corregido un poco. Que es lo que ha de hacer un buen traductor. Un buen traductor se va a la cama con la sal en las ojeras. No he dicho orejas, ojo.
Paralyzed towards the End
Pasajera parálisis después de todo lo que sucedió ayer, que fue más de lo que había sucedido en semanas, y que de momento no puedo contar con detalle, y eso que de ese ayer han pasado varios días. Parálisis facial y lingual. Parálisis con ese en Inglaterra y con zeta en Estados Unidos. O a la inversa, ya lo mismo me da. E inserción o inmersión a pulmón libre en la sociedad civil del pueblo. O secuestro: de repente entro en la vida de los otros. O los otros invaden la mía. O yo qué sé: de pronto, camino de un domicilio particular al que jamás pensé que iría, todo el barrio quería conocerme. Y todo el barrio era una familia, y yo un guiri acogido con afecto. Y además me tomaron por médico. Y tuve que serlo. Y todo por ser de donde soy y tener el padre y el hermano y la cuñada que tengo.
Vaya lío.
Mañana me marcho a Murcia a ver si me despejo, y hoy tengo tal cantidad de tajo que sólo me da tiempo a colgar este vídeo. Lo inventó Sam Mendes en American Beauty con una sola bolsa de plástico (¿era naranja?) y una preciosa voz en off contando una bella historia. Aquí no hay voz en off, pero las bolsas son dos. Son un tú y un yo. Se buscan y se desencuentran en cada vuelta que da el aire donde el aire da la vuelta. El invento es suyo. Mi metáfora, mejor.
Finalmente, no logro colgar el vídeo, pero todo el que haya visto la peli de Mendes sabe de qué hablo. El mío transcurre en un rincón donde dos bolsas (una, blanca; la otra, amarilla) se persiguen mecidas por el aire, que es viento enrarecido y enquistado y enconado en un rincón de un barrio humilde donde un guiri intenta captar lo que no se puede.
Después de mucha brega he conseguido escanear Intoxicated by my Illness, a ver cuándo me pongo con ello, el libro que publicará Carlos Rod y que es mi particular homenaje a mi hermana Ana y a mi hermano Pedro y a mi sobrino Jaime. Seguro que será a la vez que empiece a enseñarle inglés a Joaquín, el hijo de mi vecino, y a sus hermanas, María y Paqui; con suerte lo haré a medias con Laura ―a la traducción me refiero―, la sobrina de mi hermano Jose y de mi hermana Cati. O mi cuñada. De golpe tengo dos familias almerienses. Y como no entiendo nada, me vuelvo a la India, a traducir al pesado de Paul Theroux. Ya tendré tiempo de pensar mañana camino de Murcia, que está ahí al lado. Veré, sin falta, la casa en que mi madre pasó parte de su infancia, que sigue intacta. Y a lo mejor me como unos higos. Y cultivo ese raro fruto que es la amistad.
*
De qué cura la escritura, me pregunto. ¿Me cura del dolor cada vez mayor que siento? ¿Me cura de la culpa? Me enfermo, me embriago yo con mi enfermedad, y ya ni pedir perdón puedo. ¿Cómo pedir perdón por haberle robado a alguien los mejores años de su vida, por haberme quedado con su generosidad y su belleza en mi fealdad y mi egoísmo?
Vuelvo de Murcia, y si los murcianos son marcianos es como volver de Marte al planeta Tierra. Pero me dio tiempo a fotografiar una casa en la que mi madre pasó acaso los mejores años de su niñez. Y no la voy a colgar. Y me dio tiempo a comer un gran caldero que a mi amigo murciano le pareció que no era caldero, con el Jumilla de turno. Y a jurarme que no vuelvo a conducir cuando se haya hecho de noche. Y a no volver a leer los poemas de los amigos cuando la noche se convierte en frío día y no viene el sueño.
(Volviendo de Murcia caí en la cuenta de que la primera vez que estuve en este pueblo fue yendo a Águilas a ver a mi amigo de Murcia y a comerme con él un arroz a la piedra, estando con ella en Cabo de Gata. Siempre hay una primera e inesperada vez.)
(Volviendo de Murcia caí en la cuenta de que la primera vez que estuve en este pueblo fue yendo a Águilas a ver a mi amigo de Murcia y a comerme con él un arroz a la piedra, estando con ella en Cabo de Gata. Siempre hay una primera e inesperada vez.)
Festivos vacuos en el pueblo lleno de gente vacía. Me va faltando todo. A lo mejor no estaba del todo preparado para esta travesía del desierto en medio del desierto donde me falta todo. El dolor de la separación que nunca tuvo que producirse, porque no estábamos hechos el uno para el otro ―luego no tuvo que existir unión siquiera―, es inmune a todo analgésico. Voy abierto en carne viva. Y seguramente se me nota en todo lo que hago y en cada paso que doy, obras de caridad incluidas. La echo de menos con cada litro de aire que me entra en los pulmones, le echo de menos con cada golpe que da el corazón. Los echo de menos juntos a los dos. Los echo de más, y si no los tengo es porque me he ganado la pérdida a pulso. Es lo que tiene ser un idiota.
Al menos, la mañana beckettiana se nos da bien a Jose y a mí. Ya vamos estando cerca del primer principio del fin, y nos da tiempo a tomar un café en el bar de las rusas. Retiro del banco el dinero de la protesta interbancaria que me sugiere mi amiga Catalina sin pensar en los porqués, ni en Eric Cantona. Compro un pargo y un sargo de pequeño tamaño, suficiente para uno que come solo. A muy bajo coste: cuatrocientos gramos de pescado fresco por menos de cuatro euros.
Hoy hace sol. Y amaina el viento. Pessoa sabía y contó mejor que nadie que el poeta no es un fingidor, aunque finja ser dolor el dolor que de veras siente. Y luego dicen que el pescado es caro. O sea:
"I started out with nothin' / and still got most of it left", que diría Seasick Steve.
"I started out with nothin' / and still got most of it left", que diría Seasick Steve.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Por siempre joven
A mi hija
«… se permitió, en contra de lo aconsejable, dejarse llevar por la retrospección y por el cómo día a día había ido llegando hasta allí, cómo se había echado a perder, cómo había desperdiciado, o eso le parecía, y otro tanto a muchos que la conocían bien, los días que le fueron dados. No eran suyos los días para malgastarlos, eran tierra baldía por conquistar. Se los había ganado a pulso. Era ella la que se había ido echando a perder, ella y la riqueza de los días que no fueron suyos hasta haberlos conquistado y empobrecido. Se había consumido ganándoselos. Escasa de días iba ligera y plena de luz. Sobrada de días iba cargada y plena de negrura. Vivir era crecer en peso y en negrura y en la riqueza de los días. La muerte natural era el negro caudal de los días. La luz en la escasez de los días era música sin pautar porque no queda otra que seguir viva y coleando hasta la hora de morir, la música de los días que no eran suyos, y cada hora de los cuales era en exceso versátil para apropiársela.»
Hasta aquí el jovenzuelo y pedantuelo Beckett que, en Sueño con mujeres que ni fu ni fa, ando trajinando con Jose, más vale, hoy en concreto poco trecho de texto, pero con mucho provecho, creo. Mañana más. Cerca andamos ya del primer monstruo entero. Preveo que la revisión va a ser un calvario. Pero por lo menos andamos satisfechos, aunque haya tardes, como ésta, que dan poco de sí. Reconozcamos que el párrafo se las traía.
Ahora, el jovenzuelo y pretencioso Dylan, menos pedante:
Por siempre joven
Que Dios te bendiga y te guarde siempre
que tus sueños se hagan realidad
que obres siempre por los demás
y nos dejes obrar por ti
que tus sueños se hagan realidad
que obres siempre por los demás
y nos dejes obrar por ti
Que construyas una escala a las estrellas
y por cada peldaño asciendas
que por siempre seas joven
por siempre joven, por siempre joven
que por siempre seas joven
que por siempre seas joven
por siempre joven, por siempre joven
que por siempre seas joven
Que crezcas bien derecha
que madures y seas fiel,
que sepas siempre dónde para la verdad
y veas las luces que te rodean
que madures y seas fiel,
que sepas siempre dónde para la verdad
y veas las luces que te rodean
Que seas valerosa
que vayas bien recta y seas fuerte
que seas por siempre joven
por siempre joven, por siempre joven
que seas por siempre joven
Que tengas las manos siempre ocupadas
y bien ágiles los pies siempre
que tengas los cimientos fuertes
cuando cambie el viento que nos cambia
y bien ágiles los pies siempre
que tengas los cimientos fuertes
cuando cambie el viento que nos cambia
Que tu corazón siempre sea alborozo
que tu canción se cante siempre
que seas por siempre joven
por siempre joven, por siempre joven
que seas por siempre joven
que seas por siempre joven
Copyright © 1973 by Ram's Horn Music; renewed 2001 by Ram’s Horn Music
Antes de cada vocativo, y más ahora que va siendo uno andaluz de adopción, sin llegar nunca a serlo, ganas dan de poner un ojalá: ojalá que… Pero no creo que haga falta. Todo va en modo desiderativo, que es un modo verbal que en albanés frica. Ah: y la puntuación no es mía, es del mendrugo genial de Minnesota.
Viniendo de Vera al pueblo ésta era la canción que sonaba cuando se cerraba la noche. A mí no me gusta especialmente, pero la he oído entera. La desdylanización va lenta. Esta traducción se la debía a mi hijita, que está un poco muy desmejorada. De aquí a nada dejará de ser joven, pero me barrunto que lo será siempre. Hija, fijo; joven, me juego una mano. Lo lleva en el espíritu. Crecerá, se nos hará mayor, y será por siempre joven, aunque las enfermedades y los palos de la vida y los días con sus luces y sus tinieblas (¿dije negrura?) la vayan haciendo mujer. La entristecerán acaso, pero no la van a envejecer, ni a desjuvenizar.
Luego, nos queda «Huracán»: siendo «Forever Young» la suya, «Huracán» es nuestra canción. Y no creo que vayamos a decirle nunca a nadie por qué es la nuestra, ni falta que hace. "Tangled Up in Blue" la comparto con mi hij0 pequeño. Con mi hijo mayor no comparto nada. "Huracán": gran secreto compartido entre los dos, mi hija y yo, uno de tantos.
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